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Los pasos por la arena

Caminando sobre la caliente arena, con los pies rajados, el rostro curtido por el sol, la lluvia de rayos enmohecidos, en la fatiga y el resplandor corren las lagartijas a sabiendas que son mi única presa, el hambre es un germen que no tiene compasión, matas y robas, despotricas lo ajeno, a sus anchas derribas estómagos y vientres, hambre y vidas, y lo peor es que no puedes gritar, porque tu aliento es sordo, tu lengua está mordida, tus dientes (sin dientes) sin saliva, las cuerdas vocales están amarradas con cuerdas de púas, sos salvaje, afiebrado por una parva de injusticas donde todo es justificable. Tus pasos, tu caminar es de otro, antes o frente de tu casa la vida aquí y por donde el bus interprovincial los lleve la vida es una posta, la obtiene el que quiere. Mi querida Piura. Ni más ni menos, con leyes o sin ellas, necesitamos de por lo menos nacer de nuevo, regresar a los mal engendrados por donde vinieron, absurdo, pero también es absurdo terminar en manos de ellos.

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Desproporción y belleza

H

Después de varios años luz, tiempo en el que así lo concibo por mi crudeza y sutil aprecio, por el mal devenir de mis esperanzas, de mis  titánicos episodios de ser feliz, logré verla en un tiempo en el que solo era una sombra  de mi despertar. El sorteo de sus pasos  y el juego  de mis ojos, cuales pupilas dilatadas, no eran más que la hamaca de mi aciago corazón. Se mecía en mi perpetuo deseo al escuchar su voz, su risa, de sentirla cerca; como el tallo a sus hojas, como la brisa al mar. Así,  día a día me acompañaban nubes grises, lluvia de esperanzas  y nostalgias, confundidas emociones, pero como la estrella que brilla, brillaron sus  ojos. Ella, venía serpenteando hacia mí, a toda confianza, como si  la hubiera conocido de toda una vida, como si antes nuestros corazones hubieran estados sobrepuestos  y no incluso en estos tiempos, sino en siglos pasados. De pronto todo era maravilloso, yo quizás  con un lenguaje poco florido  y ella como la princesa de cuentos modernos; tierna y engreída, por un amor que  constituía el romanticismo de la época. Mirad hasta donde me lleva tu notable espíritu, tu rostro armonioso, suave como las hojas del alba.   Había una historia después de esta, es decir detrás de mi mirada perdida  y de su natural comportamiento.

Cuantas veces nos cruzamos, la miré y  muchas de las veces se desvanecían mis  esperanzas, se difuminaban los intentos por saludarla. Todo en mí, era el cupido que pretendía pulir  un nuevo  amor  y así como yo lo he inventado; todo está consumado de energía, mi ser era un microcosmos, pequeños átomos que circundaban en mí, que al tenerla cerca se experimentaba la sensación de  la química.  Me permitió ser esa pequeña luz  que se propaga como  luciérnaga  que gira y gira hasta llegar  de la manera más oportuna,  y hubo una circunstancia en la que su corazón como una rosa expidió el polen, y estábamos frente a frente, no pude contener el deseo de parlar  lo más cerca posible  y de pronto todos los continentes  como un rompecabezas  se unieron,  es decir se ordenaron mis perplejas ideas. Tenía sus ojos encima de los míos, sus labios frescos carmesí que guiaban cada palabra que se colocaban en mi oído como una cajita musical, mi mente fabricaba miles de sonidos onomatopéyicos por el devenir de su lengua, brincaban ideas de mi corazón a  mi mente y viceversa.  Esta fluctuación de palabras hizo que floreciera nuevamente la flor  del narciso.

Cuando dejé de imaginar continué hablando de mis labores diarias  y de lo útil que es nuestra existencia, alguna experiencia y de mi actividad social pendiente, que por cierto sintió mucho agrado. Después de esto, de observar literalmente; sus gestos, el ímpetu  de ver las cosas  de diferente forma, así de simbólica fue. Luego nos fuimos juntos, caminábamos contentos, fortuita circunstancia.

Pasado algunos días, los encuentros fueron fortuitos, a pesar de que no la conocía, no del todo, mis deseos por ella eran estrictamente de amistad, al menos mi razón así lo entendía. Si mis emociones me atribuían mirarla con la sensación de que sea la protagonista de una historia real, fue precisamente el motivo por el que empecé a escribir, porque nos emocionan estos momentos donde conoces al alguien y ahondas en un contexto de literatura y verso y llevarlo a un amor universal.

Ella era alegre, de buena fe, y sostuvimos horas de conversación que se convirtieron en segundos, mientras tanto, sin exagerar, en aquellas milésimas de segundos. El mechón de su cabello caía sobre su rostro, pude ver algo más que unas cuantas hebras, debido a las atribuciones que me fueron correspondidas, así fue que mientras dirigía mis dedos hacia su melena  me invadió el tiempo, pero ahora fraccionado, mutado, con una causa  que hizo que todo se detuviese, como las hojas de resumen que estaban sobre la mesa, el fondo detrás de ella, los libros de la biblioteca  y su rostro a mil cuadros por segundo que instó con un parpadeo singular. Al dejar de observarla, todo se aceleró, el tiempo era constante, o sea normal, pero al oír la palabra de despedida, y su ademán de gracias, nos vemos otro día, fue un gusto, precisamente ahí, todo sucedió más rápido, leímos  sobreevaluando  nuestra memoria a corto plazo, con alegría  y a pesar de la presión de las horas, salimos airosos, con la esperanza de que la volvería a ver, con la idea de que para la próxima no sea un encuentro casual, sino una prolongada cita. Pero mis pronósticos solo alcanzarían la teoría, esta vez la despedida fue para siempre.

El tiempo es mi fracción más eterna de vida, venga como venga y si se ha consumado viviremos del recuerdo  y de ello puedo decir que se desvaneció como el ocaso, una mezcla de púrpura y vinotinto, así mi olvido, aquella luz que poco a poco  se pintaba con el mar  y daban aquel reflejo  minúsculo para mis ojos, y de como de mil gaviotas mi pesar  que al cruzarse no hizo más que reflejar el garbo, y ese momento  se convirtió en una expresión real, aquellas alas  no eran otra cosa  que sus brazos alzados  por un saludo  y el desliz sobre las olas, su caminar, el trajinar por aquel pasillo  que vislumbró no solamente  por aquellos pasos sino, por el camino que lleva al éxito, del cual me atrevo a decir, que un día salió de su boca, con ímpetu un poco valiente  y mirándole dijo:- ¿Es necesario el conocimiento? Digamos que su belleza obligaba a las miradas de varoniles caballeros o de extravagantes señores que solo buscan despejar sus  libidinosos deseos. Y esto no es solo consecuencia de la belleza, sino de una cultura que impera más en nuestra sociedad.

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